Definitivamente las cosas cambian conforme  las vivimos, la experiencia nos muestra

nuestra capacidad de volvernos a levantar, aunque nos caigamos muchas veces,

aunque por momentos no encontremos los motivos, sabemos, que nada de lo que

pasé, nos quitará la capacidad de volver a amar, de volver a soñar o a imaginarnos

un nuevo amanecer, de esos que son inolvidables, de esos momentos que el recordar

es volver a inspirarnos, a darnos un respiro y volver a comenzar.

 

Nos damos cuenta que ningún amor es eterno, si no lo cuidas, si no es de dos y si

su fundamento no es la libertad.

Nos damos cuenta, que ningún trabajo vale tu paz interior, que ningún esfuerzo debe

esperar algo de regreso.

Nos damos cuenta,  que nada nos pertenece, que la vida es un momento que

hay que saber aprovechar.

Nos damos cuenta, de lo valiosos que somos para nosotros mismos,

comenzamos a amar la soledad más que la compañía.

Nos damos cuenta que las personas son libres, que van y vienen, algunas veces

regresan y en otras se convierten en un anécdota más que contar.

 

Saber vivir es disfrutar cada detalle, cada suspiro, cada beso, cada plática, cada

pensamiento, cada sueño realizado como si fuera el último, es saber llorar cuando

tienes que hacerlo, es levantarte aunque no tengas ganas, es actuar cuando tengas miedo,

es afrontar la adversidad con una sonrisa y saber que todo estará bien,

aún cuando no veas la salida.

 

Nos damos cuenta que sonreír es una elección, que ser feliz es el conjunto de

nuestros esfuerzos, y que amar es un accesorio más que va bien con nosotras.

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